Más allá de los retratos conocidos
Los procesos históricos son colectivos. Junto a Manuela Beltrán, José Antonio Galán y Antonia Santos actuaron miles de personas con ideas, intereses y experiencias diferentes. Algunas dejaron su nombre en documentos; otras permanecen anónimas.
En 1781, Juan Francisco Berbeo fue comandante general del movimiento comunero durante la marcha hacia Santafé. Ambrosio Pisco, reconocido como autoridad indígena, participó en un levantamiento que incluyó reclamos por tierras de resguardo y tributos. Lorenzo Alcantuz, Isidro Molina y Manuel Ortiz continuaron al lado de Galán y fueron condenados con él. Artesanos, campesinos, comerciantes, pueblos indígenas y poblaciones afrodescendientes dieron al movimiento su fuerza y también mostraron que no existía una sola demanda comunera.
Décadas después, la Independencia volvió a depender de redes muy diversas. Mercedes Reyes Ábrego, bordadora de la región de Cúcuta, apoyó la causa patriota y fue ejecutada en 1813. Policarpa Salavarrieta participó en redes de información y apoyo clandestino. En Santander, los integrantes de las guerrillas de Coromoro y Cincelada, así como la población que resistió en el río Pienta, ayudaron a debilitar el control realista.
Las “Juanas” y las tareas invisibles
Muchas mujeres acompañaron a los ejércitos durante las campañas. Se las conoce de manera general como las Juanas, aunque cada una tuvo su propia historia. Cocinaban, curaban, transportaban provisiones, buscaban información y, en algunos casos, combatían. Estas labores eran indispensables para mover y sostener a las tropas.
También participaron arrieros que conocían las rutas, familias que ofrecían refugio, personas esclavizadas que buscaron su libertad, mensajeros, religiosos, impresores y habitantes que discutían las nuevas ideas en plazas y hogares.
Una memoria más completa
La Revolución Comunera de 1781 y la Independencia de las décadas siguientes fueron procesos distintos, aunque la memoria nacional ha relacionado sus deseos de justicia y cambio. Conocerlos exige escuchar tanto a los personajes famosos como a las comunidades que hicieron posible cada movilización.
Este mural colectivo propone una pregunta: ¿cuántas personas sostienen un cambio histórico aunque sus nombres no aparezcan en los monumentos? Recordarlas hace nuestra memoria más amplia, humana y democrática.


