De trabajador del campo a líder comunero
José Antonio Galán nació en Charalá, Santander, hacia 1741. Trabajó como jornalero y no perteneció a las élites políticas o económicas. Cuando la insurrección de los Comuneros comenzó en El Socorro en 1781, se unió al movimiento y llegó a ser uno de sus líderes más recordados.
Mientras el grueso del ejército comunero avanzaba hacia Santafé, Galán recorrió poblaciones del valle del río Magdalena. Allí impulsó acciones contra algunas autoridades y propiedades coloniales. Su liderazgo conectó la protesta por los impuestos con reclamos sociales más amplios: la recuperación de resguardos indígenas, el rechazo a cargas impuestas a sectores afrodescendientes y la oposición a distintos abusos del orden colonial.
Un movimiento con diferencias internas
Los Comuneros no pensaban todos de la misma manera. Algunos dirigentes buscaban negociar reformas; otros, como Galán, representaban demandas populares más profundas. Después de que una parte de los líderes aceptó las Capitulaciones de Zipaquirá, las autoridades desconocieron los acuerdos y persiguieron a quienes continuaron la rebelión.
Galán fue capturado en octubre de 1781. Tras un proceso colonial, fue ejecutado en Santafé el 1 de febrero de 1782 junto con Lorenzo Alcantuz, Isidro Molina y Manuel Ortiz. La sentencia buscaba castigar a los dirigentes y enviar un mensaje de miedo a las comunidades que los apoyaban.
Su lugar en la memoria
La figura de Galán ha inspirado investigaciones, novelas, obras de teatro, canciones, monumentos e incluso un antiguo billete de 1.000 pesos. Para muchas personas representa la dignidad de quienes, aun sin riqueza ni poder, reclaman justicia.
Este mural invita a recordar que los grandes procesos históricos están llenos de debates y voces distintas. La historia de Galán no es la de un héroe aislado: es la de un trabajador que se convirtió en portavoz de aspiraciones compartidas por numerosas comunidades.


